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Stella Maris Gallero
Grand Bourg - Argentina

El Sueño

Anoche dormía sin dormir
No era de noche ni era el hoy
Anoche ni dormía ni soñaba
Ni moría, ni morí
Anoche sólo recordé:
Vengo de Grecia
y de más allá
vengo de escuchar a Orfeo
y de más allá.
Vengo de Lemuria,
y de más allá.
Vengo y voy, vuelvo a los templos:
He nacido mil veces.
No tengo raíces en ninguna tierra
Porque soy la tierra
No tengo alas
Soy las alas y el viento
Soy el mar en el que me hallo inmersa
Me transformo en aire
y me absorbo el cielo
que forma mi cuerpo.
Te extraño
Y la soledad me ampara
de tanta soledad
Soy la nada y el todo
Te extraño
Soy tú
Eres yo.

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SOLILOQUIO LEMUR
Voz y Lienzo
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Últimos comentarios de este Blog

28/11/09 | 19:36: Marta Ballester dice:
¿Qué hermoso poema! me resultó un caramenlo para el alma. Gracias amiga.
22/07/08 | 13:53: Daniel Mora dice:
Tu poema es realmente... si digo hermosísimo me quedo corto, me emocionó hasta lo más profundo de mi pequeña y gigante y divina humanidad. Que alegría es encontrar a alguien que encuentra esas palabras que uno quisiera decir y no las encuentra. Con este poema hablaste por mí (y seguramente por muchos) te quiero mucho, amiga!!!
19/05/08 | 12:38: Paul Richard dice:
tengo dos cosa para decirte: un a de ellas es BIENVENIDA! Y la segunda que desde tu perfil hasta tus escritos son una personalidad muy bella. un abrazo. seguiré lo maás cerca posible tus trabajos.
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SOLILOQUIO LEMUR




La noche me llovió muy lento por entre las ramas. Parecía no transcurrir nunca, pulsación helada sobre el helado aire que me envolvía. En el piso, yo, helado y tieso. Frío espectro en noche de verano. Susurraron las hojas de los árboles. Yo abajo, inmóvil, asustado... aterrado ante la nada que bordeaba mi ser atrayéndome en un remolino oscuro amenazando arrastrarme y arrojarme a... ¿dónde? Si ya me sentía solo, sin universo, vacío ante el vacío. La oscuridad y yo, helado y quieto temiendo moverme, espantado de mí mismo y siempre ante la nada... Algo brilla ahora... pero ya no importa, hay un foso en mi pecho... amanece y el sol perfora las copas y las hojas susurran...
...Pero ya no importa.
Ahí vienen otra vez, oigo sus voces.
No tengo deseos de levantarme esta mañana.
Un cansancio de siglos me pesa ya hace tiempo, tomando mis ganas, mis piernas, mis brazos... mi todo –o lo que queda de mí ahora- Miro a mi lado: Ella no está. Recuerdo cuando juntos contábamos estrellas y envueltos en sombras habité su sangre... dí luz a sus ojos y encendió mi vida y las hojas murmuraban sobre nuestro aliento de jazmín y luna...
Entonces el verano era verano.
Recuerdo cuando juntos cosechamos estrellas: los hijos le brotaron como gotas prendidas de sus senos tibios de niña, de madre...
No nos alcanzó el tiempo para seguir contando estrellas.
Ahí vienen otra vez, oigo sus voces...
Son de la misma raza de aquéllos que nos quitaron los hijos, uno a uno vendieron nuestros frutos y nos dejaron solos.
Y hoy Ella no está.
Crece el hueco en el pecho y el antiguo cansancio aplasta lo que queda de ánimo.
Exijan lo que exijan, no voy a levantarme hoy.
No podrán conmigo si no quiero.
Y no quiero.
Aunque haya sol.
Oigo sus voces. Ya están aquí
Me llaman.
No me muevo
Elijo aferrarme al recuerdo de sus ojos, su mirada dulce de castaño caramelo, me llaman. No respondo.
Veo mis pelos sucios y mis dedos flacos aprisionando aún la última esperanza en una cáscara vacía.
-¡Abran la jaula!- la voz.
Siento la patada en mis costillas. La costumbre ha hecho callos, y el dolor no se siente porque es más fuerte el otro, el de su ausencia.
-¿Quién fue el imbécil que le suministró el calmante?! – El dueño de la voz examina mis ojos.
No lo sabrá jamás.
Recuerdo cuando juntos contábamos estrellas y jugábamos a serlo todo: árbol, viento, cielo sol, piedra, nube... estrella.
Ella no está hoy.
Otro golpe.
Y la soledad.
Están aquí, los veo. Aunque no respondo, puedo verlos: los vientres hinchados y los ojos muertos enmarcados en ojeras de vacío.
Me quitaron los hijos.
Me dejaron sin Ella.
Los vi juntar sus tripas y mancillar su noble sangre en nombre de la ciencia. No sé si eso es bueno, solo sé que Ella era mía.
Me llaman nuevamente. No contesto.
No podrán conmigo si no quiero.
Y no quiero.
No quiero levantarme hoy aunque haya sol.
No sentiré el agua fría, los insultos...
No los siento...
Alguien se compadece y me da un caramelo, y en él mis ojos besan sus ojos castaños.
Se alejan. Deciden dejarme para ver a los otros, entre chillidos, pinchazos y sedantes... He visto a alguno de los míos deformarse entre jeringas y encierro.
Todo eso convirtió en invierno al verano.
Las sombras húmedas se llegan a lamer el piso de mi cárcel, y su fantasma a rayas aprisiona un cuerpo oscuro y a unos dedos flacos apretando una cáscara sin maníes y entre los labios... un caramelo sin morder.
Ahora siento como cuando con Ella jugábamos a ser el mundo, la sensación de serlo todo –esta vez a salvo- y puedo verme desde afuera.
Sé que ya no dolerá el sometimiento.
Manchas de luz y sombras cubren y descubren mirada fija hacia la nada en mis ojos,... sus ojos, los del cuerpo oscuro allá abajo.
Hoy me sobra el tiempo. Volveré a contar estrellas.
Quizás la encuentre...
Y pueda ofrecérselas.

© 1993 Stella M. Gallero


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Comentarios de nuestros lectores - Escribí tu comentario
22/07/08 | 13:53: Daniel Mora dice:
Tu poema es realmente... si digo hermosísimo me quedo corto, me emocionó hasta lo más profundo de mi pequeña y gigante y divina humanidad. Que alegría es encontrar a alguien que encuentra esas palabras que uno quisiera decir y no las encuentra. Con este poema hablaste por mí (y seguramente por muchos) te quiero mucho, amiga!!!
danielomarmora@hotmail.com
 
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